ICHOCAN EN LA HISTORIA

1. ICHOCAN EN LA EPOCA PRE-HISPANICA:

El distrito de Ichocán, de la provincia de San Marcos, departamento de Cajamarca, adolece como muchos pueblos del Perú de su fecha de fundación española, sin embargo su presencia en la historia patria aparecen en la época preincaica, como lo relata el historiador cajamarquino Waldemar Espinoza Soriano, en su estudio del primer informe etnológico sobre Cajamarca del año de 1540. Para una mejor división cronológica separamos estas referencias por épocas, ya que reflejan el devenir histórico de este pueblo.

1.1 EPOCA PRE-INCA:

La cultura Cajamarca se desarrolló en el valle interandino de Cajamarca, desde Hualgayoc-Yanacocha, hasta el río Crisnejas. En la época de mayor apogeo, su influencia se extendió más allá de sus límites geográficos.

Por el Norte: Chota y Santa Cruz.
Por el Sur: Huamachuco y el Callejón de Huaylas.
Por el Este: La margen derecha del Alto Marañón.
Por el Oeste: Con los valles costeños de Moche,
Jequetepeque, Saña, Lambayeque.

Una vez conformado los dominios de la Cultura Cajamarca, Ichocán fue escenario de grandes luchas de sus propios hijos, los Ichocanes y aún de sus vecinos, los Caxabambas.


1.2 EPOCA INCA

Durante el reinado de Pachacútec, gobernaba en Cajamarca, el curaca CHUQUICHANCAY, quien para el mejor gobierno de sus dominios, dividió el territorio en siete Huarangas o Provincias, siendo una de las más importantes la Huaranga de los Ichocanes, constituida por mitimaes serranos de diferentes razas, con carácter de guerreros para contener las invasiones del reino de los incas.

Pachacútec por intermedio de su hermano Cápac Yupanqui, se propuso la conquista y sometimiento de los Caxamarcas, después de conquistar a los Huancas y Huamachucos.

En la época Incaica, en el territorio del actual distrito habitaron mitmas serranos político-militares, cuyo curaca PUCULLA, censado por Barrientos, residía en el pueblo de Ichuca, hoy Ichocán. Agrega Espinoza “Estos mitmas serranos en Cajamarca no tuvieron más ocupación que servir de espías y guarnición armada, listas para sacudir cualquier rebelión o protesta de los cajamarquinos conquistados y sometidos al regimen imperial del Cuzco. La población de cuatro Pachacas declarados por Puculla era de 319 tributarios, calculando Espinoza un total de 1246 personas; pero no se sabe cuantos de ellos residían en Ichocán.”


2. EPOCA DEL DESCUBRIMIENTO, CONQUISTA Y VIRREYNATO.


Durante la época de la Conquista, con la llegada de los españoles a Cajamarca, el 15 de noviembre de 1532 y después de ser tomado prisionero el inca Atahualpa, Ichocán fue conquistado, cuando los expedicionarios pasaron por este lugar que partieron de Cajamarca a Barranca, con destino al santuario de Pachacámac, se cree que pasaron por Ichocán, Huamachuco y Antamarca, descansando en este lugar tres días.


Según el relato de Miguel de Estete, escribano de Pizarro:
“El 05 de enero de 1533, salió Hernando Pizarro de Cajamarca con 20 hombres a caballo y ciento de escopeteros. Fuimos a dormir a unas caserías que están a cinco leguas de este pueblo. Otro día siguiendo, fuimos a comer a un pueblo que se dice Ichoca o Ichuca, donde el señor del pueblo y sus indios, nos recibieron bien y nos dieron todo lo necesario, así como comida e indios parar cargar y el mismo día fuimos a dormir a un pueblito pequeño que se dice Guangasanga, sujeto al pueblo de Huamachuco”.

Hernando Pizarro a su retorno del viaje, transportando parte del rescate del inca, del santuario de Pachacámac, pasaron nuevamente por Ichocán el 13 de abril, ingresando a Cajamarca el lunes 14 de abril de 1533, festividad de San Justino, junto con la tropa también partió el general Calcuchimac en su litera, en calidad de cautivo, para apurar el rescate del inca.

También pasó por este lugar el general Francisco Pizarro, quien partió de Cajamarca el lunes 11 de agosto de 1533, rumbo al Cuzco, con más de 400 españoles, guerreros y cargueros naturales; pasando por Ichocán el 13 de agosto con el general Calcuchimac como prisionero, herido de quemaduras y cargado de cadenas (según nota del historiador Antonio del Busto).

Con la invasión hispánica, el Perú perdió su desarrollo autónomo y fue sometido a la metrópoli española. Este periodo no significó progreso ni adelanto para la población aborigen, sino al contrario se destruyó la maquinaria productiva inca, sin ofrecer nada a cambio y mas bien se introdujeron elementos desestructuradores como el tributo, la mita colonial, la moneda, etc.

Los españoles van a implantar, en forma brusca y compulsiva una nueva organización social, política y económica.

Después de la ejecución del Inca Atahualpa, Pizarro, sus huestes e indios auxiliares, partieron con destino al Cuzco, el 11 de agosto de 1533. El gobernador a medida que avanzaba iba entregando, a los miembros de su expedición, repartimientos y encomiendas, las primeras se dieron en 1534 en el sur y en el año 1535 se conoce la encomienda de Cajamarca a Melchor Verdugo y Olivares.

En realidad los encomenderos se convirtieron en los principales exploradores de los indígenas y en Cajamarca Verdugo hizo además honor a su apellido, porque fue un monstruo de maldad.

Al establecerse la Colonia, con el sistema político de las Encomiendas, Ichocán aparece como un pueblo de indios, y en 1560, el jefe de esas comarcas, aparece con el nombre de Puculla, quien tenía que recolectar los tributos de los indios para ser entregados al corregidor de Cajamarca, don Melchor Verdugo.

El Corregimiento de Cajamarca se estableció en 1566, en el territorio donde estuvo distribuida la encomienda de Melchor Verdugo, cuyo límite por el oriente era el río Marañón. Comprendía las actuales provincias de Cajamarca, Celendín, Hualgayoc, Santa Cruz, Chota, San Miguel, Cutervo, Contumazá, San Marcos, San Pablo y Cajabamba (departamento de Cajamarca), Huamachuco y Otusco (departamento de la Libertad).

En el año de 1784 se produce una nueva demarcación política en el Virreinato Peruano y como consecuencia Cajamarca pasa a convertirse en Partido, dependiente de Intendencia de Trujillo.

Al establecerse las intendencias, perteneciendo Cajamarca a la intendencia de Trujillo, Ichocán aparece como parte integrante del partido de Cajamarca, con Cabildo propio que designaba al Alcalde, los Regidores y el Gobernador de la Región.

Sobre Ichocán en la época del Virreinato se conoce muy poco, pero hemos logrado investigar este aspecto a través de información escrita y verbal la que a continuación daremos a conocer:

Ichocán durante esta época seguía ubicado en el lugar denominado hasta la fecha Tayamonte, que queda un poco más la pie del cementerio de esta localidad. Pero su población todavía de Naturales, como así se llamaba a nuestra raza india, “Los Naturales”.

El primer nombre que tuvo Ichocán en el Incanato fue de ICHOA y cuando ya lo descubre Hernando Pizarro él lo bautiza con el nombre de Ichoca. Así se le conoce hasta el año de 1630, donde sus naturales permanecían con sus tierras, llegando a conquistarlo el español Don Bartolomé de Roxas, quien hace evolucionar el nombre de Ichoca por “San Jerónimo de Ichocán”.

Don Bartolomé de Roxas, era un español que vino más o menos por año de 1630 y despojó a los naturales de todas sus tierras, abarcando lo que ahora se conoce como: Sunchupampa, Chilca, Colpobamba, Liollón, Poroporo, Poroporito, Llanupacha, Paucamayo, Chancaybamba, hasta Iracacucho y Chantaco.

Desde esta fecha Ichocán toma el nombre de San Jerónimo de Ichocán, muchos creen que se llamaba así sólo en lo eclesiástico y eso es falso, San Jerónimo se llamaban las tierras de la propiedad de este señor Bartolomé de Roxas, el cual tuvo diez hijos legítimos y dos hijos naturales que son:
Los hijos legítimos: Jerónima, Juan, Cristóbal, Francisco, Juana, Thoribio, Estefanía, Mathlas, Bernardino y Francisco de Roxas.
Los hijos naturales: Domingo y Margarita de Roxas.

A la repartición de sus tierras entre sus hijos, en su testamento dice con estos términos: “Mis tierras de San Jerónimo de Ichocán”, así se llamaba su propiedad que era una propiedad particular. Don Bartolomé de Roxas fue un hombre que no solo era dueño de San Jerónimo de Ichocán, también era dueño del sector del Valle de Condebamba, que hoy es Colpón, Huaca Corral y La Grama, así también del otro lado del río Chimín, Cholocal, Amarcucho y Lambería, esas también fueron propiedades de don Bartolomé.

Don Bartolomé de Roxas cuando se establece ya en Ichocán tenía propiedades en Trujillo y Cajamarca, cuando viajaba a cualquiera de estos lugares lo hacía en litera, pero no vamos hablar de una litera de oro como la de Atahualpa, sino era una litera tallada en madera con una placa de oro, grabada con su nombre, con lo que se transportaba a Trujillo o Cajamarca, con sus 30 negros esclavos, quienes cargaban a este señor, además de eso llevaban acémilas (mulas), con naturales que llevaban víveres para el trayecto de la ruta que tenían que caminar.

Por lo general estos viajes lo hacían por un periodo de 3 a 4 meses cuando el tiempo era propicio, iba llevando sus tesoros que los obtenía en Ichocán y en sus haciendas del valle, a enterrarlos en Cajamarca o en Trujillo. En tantos viajes que hacía, en uno de ellos cuando retornaba de Trujillo, en un sitio del trayecto entre la Grama e Ichocán, que actualmente se conoce como “ La cuesta donde murió el Hombre”, y que antiguamente lo llamaban “La cuesta donde murió el esclavo”, nombrándolo así debido a que en este sitio murió un esclavo negro de una fuerte patada de mula, muriendo instantáneamente, en este sitio, Don Bartolomé se bajó de su litera e hizo que se lleve el cadáver a Ichocán y él vino cabalgando en una mula.

El trato que se les daba a los esclavos, era mucho mejor que el trato que recibían nuestros indios (naturales), porque si es cierto que no tenían los derechos ciudadanos que tenemos nosotros ahora, pero tenían buen trato, buena alimentación, vestido y alojamiento. Esto es hablando de Don Bartolomé; mencionando otro hecho en 1790 también hubo otro esclavo, que se llamó Juan Manuel, un esclavo negro criollo, primero lo compró el presbítero Juan José Manrique de un señor de Vicuña procedente de Trujillo, lo compró por el precio de 400 pesos y cuando muere el presbítero, los hijos de este señor nuevamente lo venden a un señor de Lozada, por el precio de 450 pesos, de los cuales 150 se gastan en los funerales del presbítero y los 300 restantes se dividen entre los 3 hermanos.

Antes de su muerte don Bartolomé hace su testamento de repartición de sus tierras entre todos sus hijos y nietos; en 1719 después de varios años de su muerte a petición de Don Domingo de Roxas, hijo natural, dueño de la hacienda de “San Isidro de Tayahurco” hoy Tayurco, Milco y Zaparcón; además de eso en la parte alta comprendía las tierras de Tauripampa y Pogog. Todo esto comprendía la hacienda de Tayahurco; y como una prueba más de esos hechos, las mismas fiestas que se celebran en Ichocán, que son: Las de San Isidro en el mes de mayo y de la virgen del Rosario en el mes de Octubre, también se celebran en Milco y Zaparcón y también hacendado del valle de Condebamba, solicita se de cumplimiento al testamento, él pide se sirva la división de tierras de “San Jerónimo de Ichocán” de conformidad al testamento dejado por dicho dueño entre sus hijos y nietos.

Por decreto real de su merced Don Rápale de Masferrer, corregidor y teniente capitán general de las provincias de Cajamarca, Huamachuco y Guambos y por su majestad, el 17 de noviembre de 1719, Don Juan de Saldaña, escribano público, de Cabildo y Real de Indias provee el auto para la división de hijuelas entre todos los herederos y a la vez propietarios del Valle de Condebamba, que para ello su merced designó sus veces al capitán Don Juan López Caballero, Alcalde provincial de la Santa Hermandad del Corregimiento de Cajamarca.

El 05 de diciembre de 1719 la comisión designada y presidida por el capitán Juan López Caballero con sus testigos Blas Sánchez De La Serna y José De Martos Barrios, inician el deslinde, redondeo y amojonamiento para hacer la división de dichas tierras entre los hijos y demás herederos con los títulos testamentarios en las manos. El 07 del mismo mes se procede la división y posesión a todos los herederos quienes cumpliendo los términos de la ley como señalan de únicos dueños se arrojaban al suelo, arrancaban hierbas y tiraban piedras, exclamando “posesión, posesión, posesión”. Al término del reparto, en la Hacienda de San Isidro de Tayurco, la comisión expidió el decreto culminatorio de reparto de las hijuelas numeradas en 18 fojas para ser llevadas al señor Corregidor, debidamente firmadas en papel sellado de seis reales del año pasado (1718). (pp).

Cuando hubo la repartición de tierras de Don Bartolomé de Roxas, la parte de Ichocán le tocó a Doña Jerónima de Roxas, hija legítima de este señor.

Con el transcurrir del tiempo ya los hijos, tuvieron más hijos, estos fueron descendientes únicamente de tres parejas matrimoniales.
La primera Don Bartolomé de Roxas que vino a Ichocán con su esposa también española.
La segunda Don Cristóbal de Tapia con su esposa también española, este señor radicó primero en Cajamarca y después pasó a Ichocán, fue el hombre que vivió más de 140 años.
La tercera Don Pascual de Urbina también con su esposa española, quien vivió en Ichocán, de estos tres españoles descendieron toda la nueva familia de españoles. Ichocán fue totalmente una residencia de españoles.

En el templo de San Jerónimo de Ichocán, que así se llama, a la mano derecha existe una propiedad que hoy pertenece al señor Jaime Tacilla, este lugar fue el cementerio de españoles, allí únicamente se sepultaban españoles; entrando al templo, a la mano derecha todavía se nota una parte de un portón, que por este se comunicaban con el cementerio.

En 1943, se vendió ese terreno a un señor Gregorio Velásquez y él comenzó a construir su casa y cuando habrían las bases para la construcción, sacaban cadáveres con enormes cabelleras rubias, esa fue otra muestra de que allí existió el cementerio dedicado a españoles.

Con el transcurrir del tiempo en el año de 1750, prestaba servicios en esta parroquia el Presbítero Juan José Manrique que tuvo como conviviente a doña Antonia de Tapia, ésta señora era bisnieta de doña Jerónima de Roxas, hija esta de Don Bartolomé de Roxas.

El Presbítero tuvo en su esposa una hija llamada Valentina Manrique, también tuvo dos hijos naturales: Don Juan Bautista Manrique y Doña María Concepción Manrique y cuando muere el sacerdote, entran en juicio; la hija legítima, Doña Valentina, con los hijos naturales. Por los bienes que este deja.

Las capellanías de Ichocán, entre ellas la principal llamada el Sauce, en aquella época, que estaba en el sector de Tayamonte, lo donó el Presbítero Juan José Manrique se llamaba Capellanía Colativa, además de eso las Capellanías de la Pampa de Olmos de Siccibamba, Llanupacha y Huacilanche también fueron Capellanías donadas por este Presbítero.

Doña Antonia de Tapia que en articulo de muerte se casa con el Presbítero Juan José Manrique, a su muerte en su testamento dice; “que se lo sepultó en el templo y no en el cementerio de españoles”, lo cual se cumple. Allí también está sepultado el Presbítero Juan José Manrique, quien muere en el año de 1791 y doña Antonia de Tapia, quien muere en 1751.


3. INICIOS DE LA VIDA REPUBLICANA EN ICHOCAN

Los arqueólogos inician la clasificación del surgimiento de las culturas andinas con una época Lítica, de recolectores y cazadores; continúan con la introducción de la agricultura en la época Arcaica; sostienen luego que durante la época formativa se inician las sociedades y los señoríos teocráticos que se extienden en el tiempo hasta después de la era cristiana y que dan origen a los Desarrollos Regionales Tempranos y seguidos a su vez por la última etapa llamada de los Estados Militaristas en la que la primera hegemonía estatal fue la de Wari, que al finalizar ésta surgen los Señoríos Regionales o Desarrollos Regionales Tardíos destacando principalmente el señorío de Chimor que comprendió un período de Transición entre la hegemonía Wari y la hegemonía Inca.

El auge del Estado Inca se inicia en el siglo XV; logrando ocupar un vasto territorio que en la actualidad comprenden las repúblicas del Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Chile y en cierto momento también sur de Colombia (Pasto Septentrional).

El desarrollo de esta gran cultura quedó trunco por la aparición de la hueste hispana; el abuso de la mita y la creciente mortalidad indígena debido al trato inhumano que se le dio al indio produjo en la colonia una fuerte acumulación de tierras, convirtiéndose así los encomenderos, corregidores, curacas y doctrineros en Hacendados.



EXTERIOR DE LA IGLESIA







INTERIOR DE LA IGLESIA DE ICHOCAN





FOTOS POR HUGO SILVA ESCALANTE












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